lunes, 15 de enero de 2007

canelaaaaaaaaaaaaaa

Los boletines son medios de comunicación que se distribuyen vía correo electrónico a una audiencia impersonal y a veces numerosa. No son unos pocos amigos a quienes enviamos chistes. Es un público que consume novedades de una organización o un proyecto. Además de receptores más extendidos y anónimos, el boletín requiere identidad y frecuencia. Con esto no se quiere sugerir aparataje y mucha inversión, sino actitud: la de un comunicador que logra la excelencia hasta en las interacciones más sencillas.Los boletines pueden ser tan básicos como correos electrónicos con copia a una lista. Usualmente, se limitan a una página. En todo caso, los principios de calidad de la escritura, economía en el envío de anexos o insertos y de respeto a la privacidad y decisión del usuario son las mismas.Si el tema u objeto del boletín es interesante y útil para una audiencia no es necesario apelar a estrategias intrusivas, sino a principios del “permission marketing” (mercadeo de permiso). El contacto entre un emisor y un usuario debe hacerse con aceptación expresa del último.La credibilidad de un boletín se debe a razones editoriales, de marca y de seriedad de su emisor pero también tecnológicas y gerenciales. Los correos deben llegar, las desuscripciones procesarse. Si no hay un sistema automatizado, alguien lo tiene que hacer. Por eso es menester, además de poner a andar un método, automatizar progresivamente el boletín.Y mientras más y mejor tecnología se utilice, mejor para el usuario, si ésta –por supuesto- ayuda a que el registro sea sencillo y personalizado, a elegir a quiénes enviar determinados mensajes, si detecta los correos rebotados para insistir después, etc. En general, debe ser útil y “amable” con su audiencia.

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